martes, 30 de abril de 2013

Soy aficionado a la recreación histórica y participo en eventos que abarcan desde la época céltico-romana hasta la edad moderna. Y siempre he intentado ataviarme lo mas correctamente posible, para lo cual he investigado bastante y con la suerte de tener un historiador en mi familia.

Esto viene a cuento por las “normas de vestimenta” que he leído en la pagina de “Manzanares medieval”.

Sin poner en duda los conocimientos de aquellos que han colaborado en la creación del evento y de la página, discrepo en los puntos 16 y 17 de dichas normas, no por lo que ponen, si no por el mensaje implícito que llevan.

”16.- En los siglos XIII, XIV y XV, aún no se habían partido los trajes en parte superior e inferior. Todos eran de una pieza, que en los hombres llegaba hasta debajo de la rodilla (sayos) y en las mujeres iban del cuello a los pies.

17.- Aconsejamos no copiar trajes “medievaloides” de películas sin rigor o páginas comerciales de fantasía (magia, espada y brujería).


Estos puntos parecen estar pensados para “uniformar” a los participantes. Pero vamos a mostrar las discrepancias:
Trajes partidos. No, los trajes no se “partieron en los siglos XII, XIV y XV. Se partieron mucho antes. La indumentaria celta, prerromana, ya era de dos partes, especialmente entre aquellos que se dedicaban a la guerra y a los trabajos agrícolas, pues llevar una prenda superior que alcanzara por debajo de la rodilla era un engorro y dificultaba los movimientos. Las mujeres, normalmente, se pasarían la falda por entre las piernas y la atarían a la cintura, con un cinturón o una cuerda, quedando como bombachos. Los sayos fueron una variación del “sagun”, capa usada por los romanos, a la cual se le añadieron mangas, y era una prenda de abrigo, no de uso cotidiano. De aquí el refrán: “Hasta el 40 de Mayo, no te quites el sayo”.


Trajes “medievaloides”. A ver. La imagen popular del caballero con su armadura y/o su cota de malla, con su sobrevesta blasonada con un escudo nobiliario es muy bonita pero no era tan común, pues únicamente vestían así las ordenes de caballería y algunos soldados cuyo patrón tuviera dinero suficiente para pagarlo. Tampoco, como dicen, debemos hacer caso a películas de fantasía. Pero mirémoslo bien.

El tipo de armadura que una persona utilizaba estaba directamente relacionado con su poder adquisitivo. Muchos, no todos, de los mencionados (ordenes y soldadesca) unicamente recibían la sobrevesta con el blasón, el resto del equipo tenían que “agenciárselo” por si mismos, ya fuera por herencia, pagándolo, robándolo, como botín o expoliando a prisioneros o cadáveres tras las batallas. Lo mismo tenían que hacer los soldados que no pertenecían a estos grupos y los mercenarios.

La armadura mas utilizada en esta época era la cota de malla, ya que no era excesivamente cara y, además era fácil de expoliar y compartir por trozos. Mas o menos igual de caras, pero mas fáciles de fabricar, y por tanto mas variadas, eran las corazas de cuero, ya fuera duro o ligero, completa, en láminas o en escamas,  Y las mas caras, las armaduras metálicas de placas, muy codiciadas aunque fueran por partes. Pero estas últimas no empezaron a usarse hasta el siglo XV (último del margen temporal que tratamos) y solo gente muy rica podía permitirselas, de hecho, la soldadesca que conseguía hacerse con alguna parte de estas, prefería venderla que usarla.

Lo normal en un ejercito, era ver combinaciones de estos tres tipos de armaduras sobre un “gambesón” (prenda acolchada para soportar mejor la armadura) que era la única protección para los mas pobres.

Cuando decidí crear este artículo busqué, en la página de Manzanares Medieval las imágenes de los participantes, y vi uno que... ¡Sorpresa! Ya no aparece. Era un personaje que iba en procesión con los arqueros vistiendo pantalón, cota de malla y coraza de cuero. Era uno de los pocos tachables de “peliculero” ya que la mayoría parecian "uniformados" y el que mas destacaba. Pero entonces ¿que dirían de los que usaron estas armaduras sitas en un castillo-museo de Copenague?: